
¡Cuánta fragilidad! Qué débil es todo este entramado invisible que tenemos en el pecho. Es tan fácil romper una hebra, con lo que duele arrastrar roturas y seguir con la vida (como si vivir fuera algún eslabón de una cadena de producción en serie). La de veces que he deseado pararme a reparar un poco de aquí, un poco de allá. Pero esto parece consistir más bien en seguir de todos modos. Claro que, si tuviese la oportunidad de hacer paréntesis... igual me quedaba recostada en uno para siempre.