jueves, 10 de septiembre de 2009


"Cada vez está mas convencido de que el inglés es un medio inadecuado para plasmar la verdad de Sudáfrica. Hay trechos del código lingüístico inglés, frases enteras, que hace tiempo se han atrofiado, han perdido sus articulaciones, su capacidad articulatoria, sus posibilidades de articularse. Como un dinosaurio que expira hundido en el fango, la lengua se ha quedado envarada." ("Desgracia", de Coetze)
"Como un dinosaurio que expira hundido en el fango", así parecen las palabras cuando tratamos de ponerle nombre a lo que somos por dentro. No es fácil amasar el barro y darle un aspecto comprensible, aceptable, amable. Me pregunto cuánta verdad se nos derrama en el camino que media entre la cosa que somos y las palabras que la nombran. Y me pregunto en qué momento de nuestra vida nos entra el miedo a que no nos quieran.

El tranvía (o trenvía, como debiera llamarse) es como una flecha cargada de poesía clavándose en la atmósfera de la ciudad. Y es entrañable que, en medio de tanta tecnología y velocidad, el maquinista avise de su llegada con una campanita. Cada vez que oigo ese dulce ruidito me caen encima unos siglos de historia y me reconcilio con mi condición humana. Deberíamos conservar esos tiernos detalles tan nuestros. El timbre de las casas, por ejemplo: siempre ha sido un din-don que auguraba una feliz visita (din-don parece decir ¡Hola! ¿Me invitas a pasar? ¡Tomemos un té y charlemos!), pero va convirtiéndose cada vez más en un prrrrrrreeeeee que parece decir ¡Abre de una vez, no ves que tengo cosas que hacer!!. Mi felicidad, me doy cuenta ahora, está construida con trocitos así de livianos: una pastilla de jabón que huele a mi abuela, una canción que me lleva a mis dieciséis años, una flor sin raza que aparece en una maceta abandonada, el pelo despeinado de Mara cuando se levanta con los ojos hinchados de sueños, la guitarra de mi amado poeta de notas, un lápiz de madera que huele a bosque, la primera lluvia de septiembre refrescándome el pecho...) Me parece haber estado siempre flotando en la abundancia.