viernes, 24 de abril de 2009

Odres nuevos para los sueños de siempre


Una tarde salí a pasear rumbo a las carreteras
que rajan el campo de mi pueblo.

Un sol somnoliento asomaba entre
los nubarrones de asfalto gastado.

Los recuerdos vinieron en cadena,
como un ejército estratégico
que aguardara el asalto,
en silencio, desde siempre.
Estaban mis pasos de adolescente
clavados todavía en el arcén,
el olor de mi abrigo de ante,
el crujido de mis botas incansables
y allí, en la cuneta,
débiles y moribundos,
todos mis sueños.
Parecían estar al límite
de una larga espera,
a punto de darse al fin por vencidos.

Los tomé en mis manos,
livianos como pelusas
(todavía respiraban).


Ahora se recuperan sin pausa
con una dosis de fe cada siete horas
-prescripción de por vida-
y una transfusión de sangre nueva.

No me extrañaría nada que uno de estos días
echasen a andar.

1 comentario:

  1. "No le prestes atención al hombre de detrás de la cortina"

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